Estigmatizadas: antes y ahora

Protestas femeninas en los 80 y en 2014

Protestas femeninas en los 80 y en 2014 / Elaboración propia

IRIS VIEIROS – El Día Internacional de la Mujer, que surgió hace poco más de tres décadas, es a nivel mundial una jornada conmemorativa de los derechos de las mujeres, que recuerda su lucha a lo largo de la historia para conseguir una posición digna en la sociedad, equiparable a la figura masculina.

En España, ayer, hubo especial incidencia en las manifestaciones de pancartas contra la reforma de la ley del aborto, que supone una restricción al derecho de decidir sobre el propio cuerpo. Llama la atención que esa haya sido una de las demandas mayoritarias durante el día conmemorativo, cuando todavía siguen existiendo  otras muchas desigualdades de género, aún en época democrática. Así mismo se manifestaba este fin de semana Núria Balada, directora ejecutiva del Institut Català de les Dones, en una entrevista radiofónica con motivo del Día de la Mujer. Ella incidía en que “todavía queda mucho trabajo por hacer para equiparar la figura de la mujer a la del hombre”.

Pero no solo la nueva medida del aborto, sino que otros ámbitos, mucho más cotidianos, siguen presentando hoy en día más carencias de derechos de un sexo frente a otro.

En este sentido, no hay mejor ejemplo que el del sector laboral. Y es que, si bien la incorporación de la mujer al trabajo fuera de casa se ha mejorado en gran medida, gracias a las políticas de empleo que se crearon durante la Transición y al impulso de la Formación Profesional; actualmente todavía existen desigualdades salariales, ya que las mujeres cobran un 20% menos de sueldo que los hombres, según datos oficiales. El argumento clásico desde siempre ha sido que los hombres ejercen trabajos más costosos que los de las mujeres, pero en el momento que estas comenzaron a ocupar puestos directivos, y seguían existiendo las diferencias de salario, fue cuando ya se vio el trasfondo de esa costumbre. Y eso no es todo, ya que hasta en la pensión cobran menos.

¿Pero qué sucede si se junta desigualdad salarial con crisis económica? Que la mujer sale perdiendo. Y es que la crisis ha incrementado los casos de violencia de género, tal y como afirmó recientemente la Comisión de Derechos de la Mujer y la Igualdad del Parlamento Europeo. Pero en este caso no se trata de un maltrato tradicional, contra el que se luchó durante años en la Transición Española, con campañas contra el maltrato y las agresiones sexuales, hasta que se tipificó en el Código Penal la figura del acosador sexual. En este caso se trata de una nueva forma de acoso, que ya comenzó a vislumbrar la ley 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género y que la Comisión Europea, hace unos meses, se atrevió a llamar “violencia económica”. Básicamente consiste en que la mujer pasa a depender otra vez de la figura masculina, como contribuyente principal a la economía familiar, tal y como sucedía décadas anteriores. ¿El motivo? El paro, que la mujer lo sufre más que el hombre, según datos de CNT.

Por tanto, hoy en día, aunque el tema del aborto esté en boca de todos, no es la única desigualdad no corregida desde la época franquista: hay otros muchos aspectos aun por mejorar en el ámbito de la mujer. Lo que entristece es ver fotografías del Día Internacional femenino y encontrar mayoría de pancartas contra el aborto, como si las propias mujeres hubieran ya asumido la desigualdad tradicional en los otros ámbitos, y quisieran conservar, con toda su ansia, la poca libertad que en 1985 se les dio.

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